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LA DELGADA LÍNEA

Una mañana fui abordada por uno de los empleados, quería consultarnos como manejar una situación porque ya estaba excediendo su control hasta el punto de sentirse realmente incómodo. Su jefe estaba teniendo un comportamiento invasivo y cuando las reuniones de equipos se daban, habían comentarios que podrían considerarse como ofensivos o discriminatorios.


Valoramos la confianza de aquel empleado en buscarnos como referencia, más cuando el tema podría tener una connotación legal. Exploramos varios escenarios y maneras de actuar antes de abordar el tema, sobre todo porque si ese jefe presentaba ese comportamiento posiblemente otros empleados también podrían sentirse del mismo modo. Validar la información, contrastar esta visión entre el equipo, evaluar las posibles causas y considerar el valor de su rol dentro del negocio, fue clave para diseñar un plan a la medida de este supervisor y empleado, logrando resultados favorables a corto plazo. Pero no siempre ocurre así, muchas veces el empleado por temor de arriesgar su trabajo se reserva esta situación, implicando así una renuncia inevitable y, en otros casos, una sola situación como la ocurrida son la causa suficiente para detonar un problema con alcance realmente mayor y con resultados que realmente pueden evitarse.


Este es un tema muy delicado y a la vez muy común en las empresas pues con facilidad hay una tendencia sobre pasar la delgada línea de la confianza donde un estilo de trato puede excederse al punto tal de convertirse en una conducta intimidatoria, ofensiva y hostil, que puede ocasionar miedo, desprecio o desánimo en la persona asediada.


Ejemplos de las conductas de mobbing:

  • Gritar de forma permanente

  • Amenazar

  • Crítica la vida privada

  • Levantar falsos rumores

  • No asignarle trabajo

  • Aislar del resto del equipo

  • No dejar expresarse